Desde el lanzamiento hasta la actualidad, el objetivo principal fue la preparación. Según la NASA, Artemis II sirvió para ejecutar maniobras complejas necesarias para Artemis III y IV. A diferencia del programa Apolo, que operó bajo una estructura estatal centralizada, Artemis funciona mediante asociaciones público-privadas con gigantes como SpaceX y Blue Origin. La integración de estas tecnologías, junto con los aprendizajes del cancelado programa Constellation, marca una diferencia fundamental respecto a la era de 1969.
Como explicó Domenico Vicinanza en The Conversation, la exploración sostenible actual depende de un compromiso político estable y financiación predecible, elementos que permitieron que el programa Artemis fuera una realidad desde 2017 con un costo de 93.000 millones de dólares.

