Cinco glampings en estancias para desconectarse cerca de Buenos Aires

EDUARDO SCHWEIZER
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Definido por sus bellas líneas art nouveau y sus materiales traídos desde Francia, el Hotel Estancia San Pablo se levanta en las afueras de San Miguel del Monte, a 120 km de Buenos Aires. Está rodeado de un enorme parque diseñado por Carlos Thays con araucarias, palmeras, magnolias y camelias, y precedido por un boulevard de álamos, pinos y eucaliptus.

“La casona del año 1863 perteneció al militar y terrateniente Eustoquio Díaz Vélez, que fue el segundo de Manuel Belgrano en el ejército y recibió 350 hectáreas por su participación en las batallas -relata la directora comercial Sonia Miranovich-. Por su ubicación en el mapa, el lugar resultó estratégico para realizar reuniones políticas y militares, por eso algunos de sus visitantes ilustres fueron Sarmiento, Rosas, Avellaneda y Urquiza.”

“Una de las hijas, Manuela Díaz Vélez, y su esposo Andrés Egaña quedaron a cargo de la estancia. Cuenta la historia que el último heredero fue, por sorteo, el arquitecto Guillermo Egaña, quien puso en valor el antiguo casco e inauguró la Estancia San Pablo con fines turísticos hace dos décadas”, comenta. El hotel tiene una suite principal y otras dos habitaciones que dan a la galería, con balcones, en el casco de la estancia. Además, hay cuatro habitaciones en una construcción colonial de 1840 y otras cinco suites en un sector más moderno, llamado Caballeriza.

“Hace tres años hicimos el glamping con tres dormis de madera y paja, con techo a dos aguas, que no tienen baño en suite sino vestuarios. Los espacios compartidos para los huéspedes son restaurante, bar, biblioteca con chimenea, piscina, cancha de tenis, cancha de fútbol tenis y sala de juegos. El lugar es ideal para alojarse y descansar, caminar y disfrutar un día de campo”, agrega el director comercial Rubén Santos, marido de Sonia.

Día de campo con desayuno, almuerzo criollo y merienda: $135.000 (adultos), $70.000 (niños de 3 a 9 años). Estadía por persona y por día, con desayuno, en el glamping: $99.000.

En Estancia San Pablo, el glamping convive con una casona de 1863

“Estas tierras fueron donadas al coronel a cargo de la barraca militar que funcionaba en el lugar, quien construyó la estancia La Rosada en 1860. Su familia vivió acá durante mucho tiempo y sus nietos la vendieron a un matrimonio de España en los años 2.000. Como durante la- pandemia ellos no podían venir, compramos nosotros y arrancamos con las suites y glamping de campo Don Aniceto”, presenta Selva Souto el proyecto en Carlos Keen, partido de Luján, a solo 87 kilómetros de Buenos Aires.

La pareja formada por Selva y Luis Souto restauró el casco y lo dejó tal como estaba en sus mejores épocas, con magníficas aberturas que muestran las paredes coloniales de barro de 60 centímetros de grosor, las tejas originales y los pisos y los techos de ladrillo laqueado tanto en las galerías como en las habitaciones.

En la estancia funciona el hotel de campo, con tres enormes suites con salida a la galería. Además hay cinco domos deluxe con kitchenette y baño privado, que fueron armados sobre la laguna artificial o en el parque, para darles privacidad a los huéspedes. Tanto la estancia como el glamping son exclusivos para adultos mayores de 16 años.

“El quinto glamping es el más original, ya que fue armado sobre un carretón colonial que estaba lleno de macetas con flores. Allí pusimos una cama de dos plazas e incluso un baño privado con una tina antigua”, dice Selva.

Las áreas comunes incluyen cocina y sala en la estancia, y una pileta junto a lo que los visitantes llaman “el castillo”, que es una torre con vestuarios, sala de máquinas y tanque de agua.

Tarifa por noche de alojamiento hasta dos personas con desayuno incluido: domo $200.000, carreta colonial $180.000 por noche y suites $190.000.

Las áreas comunes incluyen cocina y sala en la estancia, y una pileta junto a lo que los visitantes llaman “el castillo”

Facundo Cánepa y Estefanía Irulegui instalaron hace cuatro años el Glamping La Reserva en la Estancia La Alameda, donde disfrutar del amanecer junto a la laguna de Chascomús, y se hicieron cargo de la concesión del complejo completo en julio de 2024. En este pequeño paraíso a solo 140 kilómetros de Buenos Aires es posible dormir en tres domos para dos personas, con baño privado, o en alguna de las nueve suites renovadas de la estancia, con vistas a la laguna o el patio, ambientadas de época y rodeadas de glicinas.

En todos los casos, este alojamiento boutique para treinta huéspedes ofrece un desayuno campero (también media o pensión completa) en el restaurante La Matera, junto a la laguna. En esa antigua construcción colonial, donde funcionó el antiguo comedor de la estancia, también se sirve comida criolla para los visitantes, aunque no estén alojados.

La historia se remonta a la fundación de la ciudad, en 1779, cuando el sargento mayor del Cuerpo de Blandengues Juan Gregorio Girado recibió un terreno en la costa de la laguna, donde una década después construyó una fortaleza con almenas y cañones en la terraza, rodeada por muros con rejas, para compartir con su esposa y sus once hijos. Entre 1834 y 1870, uno de los menores reconstruyó la estancia clásica, con un patio con aljibe, para la explotación del ganado vacuno y lanar. Un siglo después, la casa fue designada patrimonio histórico y cultural, y en 1984 fue adquirida por el municipio, que concesiona su cuidado.

Facundo Cánepa cuenta: “En los últimos meses desarrollamos un sector donde distintos emprendedores generan cultivos agroecológicos como hortalizas, gírgolas (hongos comestibles) y miel de abejas, granja de gallinas ponedoras y cabritas, vivero y monte de especies nativas.”

Día de campo con almuerzo y merienda: $70.000 (adultos) y $35.000 (menores). Glamping para dos personas con desayuno: desde $180.000 (luneas a jueves) y $280.000 (viernes, sábado y domingo).

El glamping La Reserva en la estancia La Alameda, en Chascomús

Silvana del Greco y Norberto Davesa compraron hace 14 años la Estancia Las Marías, en un campo de ocho hectáreas en Marcos Paz, a solo 45 km de Buenos Aires. Su único objetivo, en un comienzo, era construir un espacio de reunión familiar con sus hijos, donde pudieran criar caballos y animales de granja.

El primer paso del matrimonio, que se dedicaba a la construcción, fue restaurar la casona de los años ’30, manteniendo tanto su icónico estilo Tudor como su magia. Luego incorporaron una piscina climatizada y un sauna, para disfrutar de la vida en el campo durante todo el año.

“El emprendimiento turístico surgió de querer compartir el casco de la estancia, que disfrutamos durante años en familia, con otras personas. Por eso, el siguiente paso fue la incorporación de tres domos llamados Nido, Aventura y Tacuara, y la creación de una laguna con muelle”, recuerda Silvana.

Además, como el campo tenía tres silos de más de 4 metros de diámetro por 6 metros de altura, fabricados por la colonia menonita de La Pampa para un criadero que finalmente cerraron, surgió la idea en convertirlos en dormis. “Aprovechando la altura se diseñaron dos plantas, con living, cocina con desayunador y baño completo abajo, y una habitación decorada con estilo nórdico y un balcón vidriado para disfrutar del atardecer, arriba. Se llaman Trigo, Girasol y Maíz, y tienen un deck con jacuzzi, un fogonero y una mesa estilo campo”, cuenta Silvana.

“Además, el año pasado sumamos a la habitación Emperatriz en el casco de la estancia, un departamento con dos habitaciones, dos baños, un comedor y una cocina muy amplia”, agregan los propietarios que, aunque no soñaban con dedicarse al turismo, ven crecer día a día su emprendimiento familiar, que hoy ya ocupa 20 hectáreas.

Alojamiento para dos personas en los silos: $200.000 (viernes) y $315.000 (sábados); en los domos: desde $180.000 (viernes) y $270.000 (sábado).

Las Marías, en Marcos Paz, cuenta con tres domos y tres silos

Puesto Viejo Estancia es una propiedad de 220 hectáreas ubicada en Cañuelas, a 76 kilómetros de Buenos Aires, con Hotel Boutique, Club de Polo y Club House para eventos. Manuela González, de la Central de reservas, relata que estas tierras pertenecieron durante muchos años a la granja La Primavera, reconocida por su enfoque pionero en tecnología aplicada a la cría de ganado.

La pareja anglo-argentina formada por Jeremy y Liliana Forrester-Baker, unida por su pasión por el polo, adquirió la estancia en 2003 y enseguida comenzó una transformación para dar nacimiento a la exclusiva propuesta Puesto Viejo Estancia. En 2008 se dio el primer gran paso, con la inauguración del Hotel Boutique. Tiene 10 habitaciones que llevan los nombres de los caballos y las yeguas favoritos de los dueños (Vitamina, Lulú, Rosie, Gloria, Sorpresa, Enfrentada y Matilde, entre otros), con baño privado, servicio de pensión completa y actividades como cabalgatas y acceso al laberinto de pinos y la piscina.

Recién diez años después se habilitó el glamping, que cuenta con 21 domos dobles y triples. El alojamiento tiene pensión completa y las mismas actividades, aunque los huéspedes disfrutarán de amanecer y dormir con la vista a la inmensidad del campo.

El complejo se completa con un Club de Polo, el desarrollo inmobiliario Club de Campo y el Restaurante Puesto Viejo, abierto los domingos con reserva previa. Como afirma Manuela, Puesto Viejo Estancia es un destino versátil: recibe desde turistas que buscan descanso en el campo, hasta aficionados del polo que quieren perfeccionar su juego o personas que quieren aprender a andar a caballo; desde quienes desean una escapada por el día, hasta empresarios que necesitan una locación distinta para sus encuentros corporativos.

Precios por cada adulto: día de campo $165.000 y alojamiento en glamping $210.000.

En Cañuelas, Puesto Viejo marida la experiencia con el polo



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