Al momento de subir a un avión, muchos pasajeros priorizan la comodidad sin considerar que la ropa seleccionada influye directamente en la circulación sanguínea, la seguridad y el bienestar general.
Especialistas en viajes aéreos advierten que permanecer sentado durante varias horas, sumado a los cambios de presión y temperatura en cabina, exige una elección consciente de las prendas. Vestirse de forma adecuada ayuda a prevenir hinchazón, molestias físicas y otros inconvenientes habituales en vuelos prolongados.
Diversos expertos consultados por medios internacionales coinciden en que la vestimenta no debe responder únicamente a criterios estéticos. Evitar determinadas prendas puede reducir riesgos asociados a la inmovilidad y mejorar la experiencia a bordo, tanto en trayectos cortos como extensos.
Uno de los principales consejos es prescindir de la ropa demasiado ajustada. Durante el vuelo, el organismo tiende a retener líquidos y a inflamarse, una situación que puede agravarse si se utilizan pantalones o prendas ceñidas. Las telas rígidas o muy estrechas dificultan la circulación y aumentan la sensación de incomodidad. En su lugar, se recomienda optar por ropa holgada, materiales elásticos y el uso de capas, lo que también permite adaptarse mejor a las variaciones térmicas dentro de la aeronave y disminuir el riesgo de afecciones como la trombosis venosa profunda.
La higiene es otro factor relevante al elegir qué vestir para volar. Vestidos largos, pantalones excesivamente anchos o dobladillos que rozan el suelo pueden entrar en contacto con superficies poco limpias tanto en el aeropuerto como dentro del avión. Aunque las aeronaves son aseadas entre vuelos, los especialistas aconsejan evitar prendas que se arrastren, así como ropa demasiado corta que deje gran parte de la piel expuesta. En espacios reducidos, una cobertura adecuada aporta mayor protección y confort.
En la misma línea, los enterizos, aunque resultan atractivos fuera del avión, suelen ser poco funcionales durante el viaje. El uso de los baños, que cuentan con dimensiones limitadas, se vuelve incómodo con este tipo de prendas. Para vuelos de varias horas, se sugiere priorizar opciones fáciles de colocar y retirar, que no compliquen actividades básicas.
También se desaconseja el uso de abrigos voluminosos, como chaquetas acolchadas gruesas. Estas prendas no solo ocupan espacio, sino que pueden entorpecer la movilidad ante una eventual evacuación. La alternativa más segura es vestirse con capas livianas que puedan guardarse fácilmente en el equipaje de mano.
Respecto al calzado, los especialistas recomiendan evitar tacones altos, ojotas o sandalias sin sujeción. Los aeropuertos implican desplazamientos largos y situaciones imprevistas, mientras que dentro del avión el calzado inestable incrementa el riesgo de caídas y no resulta adecuado ante una emergencia.
Finalmente, se recuerda que algunas aerolíneas aplican códigos de vestimenta. Ropa con mensajes ofensivos, consignas políticas o diseños provocativos puede generar inconvenientes e incluso impedir el embarque. Para un viaje más placentero, la recomendación general es elegir prendas cómodas, limpias, en buen estado y de colores prácticos. Vestirse de manera adecuada para volar no responde a una cuestión de moda, sino a una forma sencilla de cuidar la salud y mejorar la experiencia de viaje.
*Por María Camila Salas Valencia

