En el marco de la misa presidida por el obispo, en la que el padre Pedro Pablo Ojeda asumió como nuevo párroco, el diácono Josué Cañete dirigió unas sentidas palabras a la comunidad, en las que expresó su alegría por servir en Esquina, su pueblo de origen, y reflexionó sobre el sentido profundo del ministerio en la Iglesia.
Visiblemente emocionado, el diácono manifestó su felicidad por “estar aquí haciendo la voluntad de Dios, sirviendo a mi pueblo”, recordando que fue bautizado en Esquina y que vivió allí hasta su adolescencia, regresando años después con una vocación de servicio más clara y madura. “No lo veo como una dificultad, sino como una posibilidad”, afirmó, al referirse a su tarea pastoral en la ciudad.
Durante su mensaje, compartió una experiencia personal que lo marcó profundamente en los últimos días: el haber sido llamado para realizar un responso a un difunto y reencontrarse allí con una mujer que, en su infancia, lo había cuidado junto a su hijo, compañero de la escuela primaria. “Esta mujer que me cuidó cuando yo era niño, ahora me toca a mí ser servidor de ella, llevarle el anuncio del Evangelio, la paz y la esperanza”, expresó, señalando que ese hecho se convirtió para él en motivo de oración y reflexión.
A partir de esa vivencia, el diácono Cañete explicó cómo entiende su ministerio en Esquina: como un servicio cercano, encarnado en la vida del pueblo, pero también sostenido por la oración y la búsqueda de Dios. En ese sentido, citó el decreto Presbyterorum Ordinis del Concilio Vaticano II, recordando que el ministro ordenado es “tomado de entre sus hermanos” para servirlos, sin ser distinto ni superior, pero sí apartado en algunos momentos para dedicarse más plenamente a Dios.
“El sacerdote —y también el diácono— no puede ser ministro si no es testigo de otra vida distinta a la terrena, pero tampoco podría servir a los hombres si permaneciera extraño a su vida y a su condición”, señaló, subrayando el equilibrio entre cercanía y distancia que requiere la misión pastoral.
Finalmente, comparó esta actitud con la imagen del buen pastor y con una enseñanza de san Juan Bosco: no ser tan cercano que se pierda el rol pastoral, ni tan lejano que se vuelva un desconocido. “Cercanos para aconsejar, acompañar y consolar; y también distantes para rezar, hacer silencio y saber corregir”, resumió.
El diácono Josué Cañete concluyó agradeciendo a la comunidad por la oportunidad de “venir a aprender de ustedes, a servirlos y a caminar juntos”, dejando un mensaje de humildad, compromiso y esperanza que acompañó este importante momento para la vida parroquial de Esquina.
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