Actualidad Esquina

El diario más actualizado de la región

Buscar
  • INICIO
  • LOCALES
  • PROVINCIALES
  • NACIONALES
  • POLICIALES
  • POLÍTICA
  • DEPORTES
  • ARTÍCULOS
  • EDICTOS JUDICIALES
Lectura: Fue vendedor callejero, no terminó el secundario, pero fundó un imperio con un producto que fascina a los argentinos
Compartir
Cambiar el tamaño de la fuenteAa
Actualidad EsquinaActualidad Esquina
Buscar
  • INICIO
  • LOCALES
  • PROVINCIALES
  • POLICIALES
  • POLÍTICA
  • DEPORTES
  • ARTÍCULOS
  • EDUCACIÓN
  • NACIONALES
  • CULTURA
Síganos
Actualidad Esquina - Diario digital | Diseño web yerard.com
Portada » Blog » Fue vendedor callejero, no terminó el secundario, pero fundó un imperio con un producto que fascina a los argentinos
ACTUALIDAD

Fue vendedor callejero, no terminó el secundario, pero fundó un imperio con un producto que fascina a los argentinos

Por EDUARDO SCHWEIZER
Última actualización: 9 de enero de 2026
16 Lectura mínima
Compartir
Fue vendedor callejero, no terminó el secundario, pero fundó un imperio con un producto que fascina a los argentinos


>LA NACION>Lifestyle
  • 9 de enero de 2026
  • 01:41
  • 10 minutos de lectura‘

Cuando Benjamín Sisterna era chico, muy chico, y vivía con su familia en la localidad de Vera, en Santa Fe, era imposible que imaginara su futuro: que su vida y sus ideas marcarían para siempre a varias generaciones de argentinos y, sobre todo, a la cultura gastronómica de Mar del Plata. Tendría que haber hecho un esfuerzo mental muy grande para suponerlo, para siquiera soñarlo. Son varias las razones para esto: nació en 1914, en un pueblito chico, en el seno de una familia humilde que tuvo problemas económicos. Además, no pudo terminar la escuela, trabajó desde chico y se convirtió en el sostén de la familia. Pero cada paso que dio lo acercó más a convertirse en un gran creador y empresario.

Benjamín Sisterna nació en 1914 en Vera, Santa Fe, y creó, junto con sus socios, Havanna en 1948

Pablo Sisterna, su hijo, narra con precisión y orgullo cada etapa. Tiene una ventaja para hacerlo así: la escuchó de boca de su padre, y lo que no llegó a retener lo pudo recuperar gracias a un libro de memorias que Benjamín dejó escrito. Una vida de novela.

El papá de Benjamín era carpintero. La familia, de once hermanos, muy humilde. Vivían cerca de la empresa inglesa La Forestal, que talaba quebrachos para construir durmientes para los ferrocarriles y hacer tanino. Su casa quedaba a casi 10 kilómetros de Vera.

A los 13 años tuvo que abandonar la escuela para trabajar

“A mi abuelo lo tentaron con la idea de progresar. La Forestal le propuso que levantara su carpintería y que la montara en el pueblo. Entonces se mudaron con la familia. Mi papá era chiquito, tendría cuatro o tres años. Así que cursó toda la primaria en Santa Felicia, así se llamaba el pueblo. La Forestal le compraba la producción a mi abuelo, todo el trabajo de su carpintería era para la empresa. Le prestaron dinero para que tuviera más máquinas, pero le pagaban con vales que solamente podía usar en el almacén de la misma empresa. En resumen, mi abuelo se fundió cuando mi papá tenía 10 años, así que tuvo que dejar de estudiar cuando estaba en 5to grado y salir a trabajar, por ejemplo, vendiendo tortitas negras por la calle”, cuenta Pablo.

Unos años después se mudaron a Santa Fe capital. El papá de Benjamín se había deprimido, fumaba mucho y falleció de angina tabacal cuando. Con 13 años, se convirtió en el sostén de la familia, que en ese entonces eran su mamá y dos hermanas: los ocho restantes, ya mayores, se habían ido a “hacer su vida”. Además de la venta callejera, con el tiempo empezó a trabajar en confiterías.

Sisterna empezó vendiendo tortitas en la calle y trabajando en confiterías

A los 14 entró en Las Delicias, un local que todavía existe. Trabajaba en la parte de ventas, por lo que, de a poquito, fue progresando. A los 18, uno de los propietarios de esa confitería le propuso ir con él a Buenos Aires para abrir una sucursal. Benjamín aceptó. Se mudó con la mamá y las dos hermanas. Poco después entró a trabajar en la pastelería Los Dos Chinos y después a una fábrica de alfajores, Santa Mónica, que le vendía a los quioscos. Fue su primera experiencia con los alfajores.

Como ya había adquirido algo de experiencia, y parte de su sueldo se basaba en la comisión, “aplicó sus conocimientos comerciales y estratégicos” para mejorar las ventas. Ganaba cada vez mejor y, por eso, tuvo lo que se podría considerar un golpe de suerte: “Uno de los socios de Luis Sbaraglini, el dueño, no estaba de acuerdo con que un empleado ganara tanto, y decidió irse. Entonces mi papá le compró su parte, pasó de ser empleado a socio. Era 1946, y Santa Mónica vendía alfajores también en algunos locales de la Costa Atlántica, en particular, en Mar del Plata, a un griego”. La historia de Havanna empieza a desarrollarse.

Demetrio Elíades, el griego de Mar del Plata, tenía una confitería frente al casino. Él les compraba los alfajores. En 1947 empezaron a charlar, entre los tres, sobre la posibilidad de que ese local se transformara en una fábrica con elaboración a la vista. La idea les atrajo. Se pusieron en marcha, experimentaron con recetas. Tenían que encontrar un diferencial: antes, los alfajores no eran como se conocen hoy, eran más secos, no se usaba manteca ni margarina, tenían “menos sabor”, explica Pablo.

Elíades, Sbaraglini y Sisterna, los socios fundadores de Havanna

“Experimentaron por seis meses con el pastelero de Santa Mónica hasta que dieron con una fórmula que les pareció que era distinta, que iba a ser revolucionaria”, cuenta. Formaron una nueva empresa, Sbaraglini, Elíades y Sisterna. Mantuvieron el nombre que el griego le había puesto a su confitería: Havanna.

“Havana es la capital de Cuba en inglés, pero nunca me quedó claro por qué Elíades eligió Havanna con doble n. Mi papá tampoco me respondió claramente. Hay teorías, como una isla griega con ese nombre, o que Havanna es la capital de Cuba en algún otro idioma, como en alemán. Pero quedará en el misterio quizá para siempre…”, agrega.

En el centro de la foto, sentados, Elíades y Sisterna

Havanna abrió como fábrica el 6 de enero de 1948, hace exactamente 78 años, en Mar del Plata. Benjamín vivía entre dos ciudades: durante 20 años iba y venía de Buenos Aires a la costa.

“Fue un éxito que superó sus expectativas, el progreso fue bastante rápido. Alguna hipótesis es que era un producto distinto, no había nada parecido. Hay que remontarse a esa época. No había un alfajor de ese tipo. Tampoco estaba el concepto de alfajor como regalo de Mar del Plata, como souvenir. Sumado a que en el 48 estaba en pleno crecimiento el turismo sindical, por lo que Mar del Plata estaba creciendo a nivel turístico”, detalla.

El 6 de enero de 1948 abrió la empresa Havanna

Entre los años 50 y 60 abrieron más locales, cerca de 10 en total. El que estaba frente al casino ya no daba abasto para producir tanto: “Horneaban las galletitas, las tapitas, en un lugar y después las llevaban en camión a otro lugar para hacer los ‘sanguchitos’, una cosa completamente antipráctica. Mi papá les propuso a sus socios unificar todo en un espacio que fuera emblemático y con valor comercial. Había un terreno triangular a la venta, en la zona de La Perla, que por ahí no era el mejor terreno para una fábrica, pero tenía el valor de estar frente al mar, justo a la entrada de Mar del Plata. Los convenció y lo compraron”.

Entre 1950 y 1960 la expansión fue tanta que construyeron una nueva fábrica a la entrada de Mar del Plata

La inauguraron entre 1963 y 1964. Benjamín había hecho una maqueta con su proyección, todavía mantenía también la pasión por la carpintería que había aprendido de su padre, pero el modelo ya no existe. Más tarde, en esa misma década, fallecieron sus dos socios. Benjamín pasó a ser el presidente y la cara más visible de Havanna desde entonces hasta los 80.

En la nueva fábrica unificaron la producción de los alfajores

El negocio siguió creciendo: conquistó otros balnearios de la costa, como Villa Gesell, Pinamar, San Clemente, San Bernardo. Llegó a Córdoba, a Mendoza. Esa pequeña confitería convertida en fábrica, sin que nadie lo imaginara, pasó a ocupar un lugar especial en todo el país.

Para construir la nueva fábrica de Havanna los socios pensaron en un lugar que fuera estrátegico, frente al mar

Hay más de Benjamín que ser creador de Havanna, la cara visible, como dijo Pablo, de los alfajores. Desde chico, y también con el tiempo, expandió otra pasión: los caracoles.

“Empezó cuando vivía en Santa Fe. Tenía 17 años y recibió una encomienda de un hermano mayor que estaba haciendo el servicio militar en el sur. Le mandó de regalo un caracol en una cajita. Mi papá quedó encantado. Todavía no conocía el mar, nunca había salido de Santa Fe. No sé cómo, de un caracol pasó a tener siete, y al año siguiente, cuando fue a vivir a Buenos Aires, los llevó con él en una cajita de zapatos”, cuenta Pablo.

Benjamín Sisterna muestra un ejemplar de Cassis Madascariensis de las Bahamas. Su colección fue una de las tres más importantes del mundo. 1967Archivo General de la Nación – Lugares

La pasión creció, como la fábrica. Conoció el mar, fue consiguiendo un mejor pasar económico. Empezó a viajar por la Costa Atlántica juntando más y más caracoles. Hizo viajes cada vez más largos. Buscaba caracoles en sus vacaciones. Daba la vuelta al mundo para encontrar distintas especies.

Pablo Sisterna abrió en 2000 el Museo del Mar con la colección de caracoles de su papáGentileza Pablo Sisterna

La mayoría de los viajes los hacía solo, pero a veces iba con un hermano o su esposa. “Yo nunca lo acompañé, y me arrepentí de eso. Pero bueno, cuestión de estudio y demás, no pude. Llegó a dar 26 vueltas alrededor del mundo, que duraban entre 30 y 40 días. Recorría 25 localidades, se la pasaba arriba de un avión. Cada vez que bajaba en una isla o una ciudad costera, lo primero que hacía era reunirse con el coleccionista del lugar. Una época en la que no existía internet, mail, ni siquiera Fax. Él buscaba en un catálogo de coleccionistas internacionales y arreglaba los viajes con mucha anticipación. Arreglaba a través de cartas, coordinaba reuniones”, relata.

Llegó a juntar 30.000 caracoles, buceando o intercambiándolos. Los guardaba en cajas, cada una con un cartelito. En los 70 los expuso en un local de Havanna, algunos, y en una heladería de Buenos Aires otros. Después los ubicó en un espacio que se llamaba Mar del Nácar, un local en el centro de la ciudad costera que en la planta baja era una tienda de ropa y, en la planta alta, su colección.

Una carroza de carnaval de Havanna, en donde Sisterna mostraba su pasión por los caracoles

Cuando Benjamín falleció, en 1995, pasaron dos cosas, ligadas a esos dos aspectos de su vida. En 1998 los socios herederos vendieron Havanna. A la par, Pablo y su mamá decidieron hacer un homenaje particular: compraron una propiedad en la avenida Colón, esquina Viamonte, con un gran terreno. Construyeron un bloque al que llamaron Museo del Mar. Exhibieron ahí la colección de su padre.

Funcionaba como una especie de centro cultural, había actividades como teatro infantil, para adultos, recitales, confitería, acuarios. Estuvo abierto al público desde 2000 hasta 2012. “Después tuve que cerrarlo porque fue un proyecto tan grande, tan ambicioso, que, lamentablemente, nunca logré que se autosustentara. La colección la tengo guardada desde entonces en un depósito de Mar del Plata. Veremos si algún día puedo revertir eso. Yo hice muchos esfuerzos, no me arrepiento, dejó una huella. Siempre digo que si alguna institución pública o privada me hace alguna propuesta, yo la escucho”, asegura.

xGentileza Pablo Sisterna

Las tres familias herederas dejaron de manejar Havanna en 1998, pero cuando Pablo ve el crecimiento de hoy, siente orgullo. Existen ya muchos más gustos, más manjares. Pero Havanna sigue siendo Havanna. Y Sisterna, junto con Elíadas y Sbaraglini siguen siendo el triángulo de hierro de los alfajores que revolucionaron el paladar argentino.

Benjamín Sisterna en un local de Havanna en la peatonal San Martín de Mar del Plata, junto a parte de su colección de caracoles, en la década del 70

“Eso es lo que siempre digo. Y me enorgullece. Vendimos Havanna, pero no la historia. Nadie nos quita, nadie me quita, que mi padre fue uno de los tres fundadores. La empresa está tan pujante, tan expandida y activa en las redes sociales… A mí me pone contento”, remarca.

En 2024 fue a visitar la fábrica actual con su familia. Dice que es ejemplar, y vuelve a destacar que eso también lo llena de orgullo. “No me molesta que no sea mía, porque la historia es la historia. Y la preservan haciéndola crecer. Me gusta que saquen nuevos alfajores, aunque sigo prefiriendo los tradicionales de chocolate”, concluye.

Benjamín Sisterna en las oficinas de Havanna, que se ubicaban frente a la fábrica

La historia es la historia. Y la de Sisterna empezó de la nada, con un hombre que convirtió una necesidad en oportunidad y que dejó un legado imborrable, un bocadito que se transformó en una metáfora de las vacaciones, una parte inescindible de la ciudad costera.




Source link

Comparte este articulo
Facebook Email Copiar enlace Imprimir
No hay comentarios No hay comentarios

Deja una respuesta Cancelar la respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Pronostico
Current weather
-º
Humidity-
Wind direction-
Pressure-
Cloudiness-
-
-
Forecast
Rain chance-
-
-
Forecast
Rain chance-
-
-
Forecast
Rain chance-
-
-
Forecast
Rain chance-
El tiempo en Esquina
Publicidad

También te podría interesar

Estas notebooks tienen pantallas que se alargan o se ensanchan a voluntad
ACTUALIDAD

Estas notebooks tienen pantallas que se alargan o se ensanchan a voluntad

9 de enero de 2026
Plazo fijo: cuál es la tasa de interés banco por banco este viernes 9 de enero
ACTUALIDAD

Plazo fijo: cuál es la tasa de interés banco por banco este viernes 9 de enero

9 de enero de 2026
Este es el precio de mercado de una casa contenedor
ACTUALIDAD

Este es el precio de mercado de una casa contenedor

9 de enero de 2026
La clave de la materia oscura: la NASA encuentra una “galaxia fallida” que permite estudiar el universo invisible
ACTUALIDAD

La clave de la materia oscura: la NASA encuentra una “galaxia fallida” que permite estudiar el universo invisible

9 de enero de 2026
  • Locales
  • Provinciales
  • Nacionales
  • Policiales
  • Política
  • Deportes
  • Artículos
  • Educación
  • Cultura

Síguenos: 

Lamela 453, Esquina, Corrientes.

eschweizer9@gmail.com

© Copyright 2025, Todos los derechos reservados actualidadesquina.com.ar 

Diseño web

Bienvenido Eduardo

Ingresa tus datos de acceso

Nombre de usuario o dirección de correo electrónico
Contraseña

¿Perdiste tu contraseña?