Durante años, Alan Wilder fue una de las piezas clave detrás del sonido distintivo de Depeche Mode, la banda que redefinió la música electrónica desde los años 80. Su talento como productor y tecladista transformó el estilo del grupo, aportando profundidad y oscuridad a cada álbum. Hoy, con 64 años, el músico vuelve a ser noticia, pero por una razón distinta: decidió poner en venta su residencia en el campo inglés, una mansión que habitó desde 1991 y que ahora busca pasar a nuevas manos.
La propiedad está ubicada en Plumtree Cross Lane, en el condado de Sussex, al sur del Reino Unido, y salió a la venta por €5,37 millones. El inmueble, construido en 1935, se encuentra rodeado de más de 11 hectáreas de naturaleza en pleno entorno de los South Downs. El acceso es a través de una vía arbolada que conduce a una casa principal de más de 1000 m², acompañada por construcciones anexas como establos, invernaderos, casa de huéspedes y una antigua casa para el chofer.
Uno de los aspectos más destacados de la mansión es su cuidada conservación del estilo Art Decó original. Paneles de madera, ventanas Crittall, baños con acabados cromados y un mobiliario que mantiene la estética de los años 30 dan carácter a las ocho habitaciones y cinco salones ubicados en la planta baja.
En el segundo nivel, Wilder diseñó un área destinada al bienestar personal que incluye gimnasio, sauna, baño de vapor, tanque de flotación y pileta de inmersión. El parque exterior también cuenta con una piscina climatizada, canchas de tenis y hasta un área de juegos para niños.
A lo largo de los años, el músico aprovechó la privacidad de la propiedad para realizar encuentros y fiestas temáticas. En declaraciones recientes, mencionó que la ubicación permitía incluso instalar parlantes en los jardines y elevar el volumen sin molestar a nadie. “No hay vecinos cerca, así que podemos subir el volumen un poco”, relató.
Wilder, que formó parte de Depeche Mode entre 1982 y 1995, continúa vinculado al mundo musical con su proyecto experimental Recoil. Sin embargo, sus prioridades han cambiado con el paso del tiempo. “Vendo la casa simplemente por el tamaño del lugar”, explicó al justificar la decisión. “Mi familia está creciendo, pero queremos algo más manejable. No pensamos mudarnos muy lejos”.
Aunque la casa no está protegida por ninguna clasificación patrimonial –lo que permite modificaciones estructurales si el nuevo propietario así lo desea–, la vivienda se promociona como una oportunidad única para quienes buscan privacidad, historia y un entorno natural de alto nivel.