La trastienda de Ricardo III: espantasuegras, un Torino 1973 y cuatro horas de vértigo y compromiso artístico

EDUARDO SCHWEIZER
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Son las 18.30 de un miércoles gélido en Buenos Aires. Sobre la Avenida Corrientes, el run-run del tránsito en la vuelta a casa se mezcla con el paso veloz de los transeúntes; las miradas bajas, clavadas en las pantallas de los celulares, los rostros amilanados por el frío. Así atardece.

En el hall del Teatro San Martín el movimiento es apenas incipiente -alguien consulta en la boletería, una mujer espera la llegada de su acompañante-, pero la calidez que abraza apenas se cruza la puerta convierte el inmenso espacio en un remanso instantáneo.

Dos pisos más arriba, en cambio, todo es preparativos. Faltan 90 minutos para que el telón se descorra y Joaquín Furriel (peluca platinada, bonete verde, guirnalda fucsia shocking colgada al cuello y silbato de una fiesta de cumpleaños que nunca fue -ni será- en mano) se enfrente al público ya en la piel de Ricardo III, semicolgado de una estructura metálica.

Es la función número 34 de este clásico shakesperiano revisitado según la mirada del regisseur Calixto Bieito que estrenó el pasado 26 de junio, coincidentemente la fecha en que el monarca asumió el trono de Inglaterra en 1483, y faltan aún otras 20 para que la obra se despida de la grandiosa sala Martín Coronado para poner rumbo a España, donde está prevista una gira, con Madrid y Bilbao como plazas ya confirmadas.

La verdadera historia de Ricardo III -tal el nombre completo- agota localidades desde el debut (al 13 de agosto fue vista por 31.960 espectadores) y es un tour de force que involucra, cada noche, a 10 actores en escena (de los 60 que se convocaron al casting original), 50 técnicos en el backstage, peluqueros, maquilladores, vestuaristas, asistentes de escenario, 10 bonetes, 10 silbatos espantasuegra, un repollo, una armadura antigua traída de Europa, un Torino ploteado de naranja que cuelga desde la parrilla del escenario, un lavado de cabeza express entre patas y una torta de merengue -que hasta prueba el público, de manos del propio “Ricardo”-.

LA NACION presenció la trastienda del espectáculo, desde la llegada del elenco y su transfiguración hasta el repliegue a camarines, tras el saludo final. Cuatro horas de verdadera superacción, en el frente y en el detrás de la escena.

18.35 hs – El pasillo de camarines de la sala Martín Coronado, en el segundo piso del Teatro San Martín, todavía tranquilo. La última puerta a la izquierda es la entrada al Camarín D, que habitaba Alfredo Alcón cada vez que actuaba en el gran teatro porteñoMaria Bessone – LA NACION
Mientras tanto, sobre el escenario y tras bambalinas, ya esperan prendas y objetos clave del vestuario que todo el elenco llevará durante la función, incluida una armadura antigua que fue recuperada y traída de Europa, hasta uniformes escolares y mucha parafernalia cumpleañera (bonetes, silbatos espantasuegras, guirnaldas), parte de las ironías de la puesta
Unos segundos con el maestro: ya en su camarín, antes de los preparativos para la función, Furriel contempla con emoción una bellísima imagen de Final de partida, la última obra que hizo -en este mismo teatro- con Alfredo Alcón, en 2013. «Esto fue antes del ACV», dice el actor. «Yo tendría 39… Toda mi vida se divide en un antes y un después del ACV que tuve»Maria Bessone – LA NACION
Llega Ana María Converti, coordinadora de escenarios del Teatro San Martín. «Ella es mi ángel de la guarda», dice el actor, a modo de presentación. «Antes lo fue de Alfredo. Ahora la heredé yo»Maria Bessone
18.45 hs – El protagonista comienza la transformación en su camarín (el B), que ocupó por primera vez para La vida es sueño, en 2010, y volvió a usar en Hamlet (2019). «No me gusta traer cosas personales al camarín; no lo habito tanto», cuenta, mientras muestra solo unos pocos objetos que tiene exhibidos, desde un autito de colección (réplica del que se usa en la obra) hasta un folleto de una asociación ricardiana de Inglaterra. Antes de cada función, agua o una infusión de limón y jengibre, y unos minutos de nebulizaciones
19.05 hs – Charla de peluquería: Furriel, Ingrid Pelicori y María Figueras, en el sector de peinado y maquillaje. «Voy a contar algo lindo», dice Figueras, y arranca con el racconto de elogios que recibió de un comerciante de su barrio sobre la obra. Todos lo celebran. «¿Saben quién viene hoy?», agrega el protagonista, con tono casual. «¡Porta!» (por el actor Portaluppi)
Maria Bessone
Salón pop: reina el buen clima en el sector de peinado y maquillaje, donde además de cepillos, brochas, tinturas y otros afeites cuelgan, como decoración, la infaltable foto protectora de Osvaldo Pugliese y unas cuantas narices protésicas de Cyrano (que hasta hace poco usó el Puma Goity), todo mientras suena de fondo un clásico bailable de Miranda!
19.46 hs – De regreso al camarín, ya peinado y teñido (al actor se le oscurece ligeramente el cabello con una tintura al agua), Furriel queda solo frente al espejo. Corren por su cuenta los últimos retoques, que lo convertirán en Ricardo III: corbata, saco y un par de lentes. Algo más: este Ricardo III también usa perfume («lo eligió él», cuenta una asistente de vestuario. «Es un toque más del personaje»)
20.03 hs – «¿Vamos a armar la fiesta?», grita Furriel. Ya ubicados sobre el escenario, minutos antes de la apertura de telón, todo el elenco y el equipo realizador se reúne para «dar la nota», una pequeña ceremonia de armonización, con las voces sincronizadasMaria Bessone
Un detalle del vestuario con el que el público verá por primera vez en la noche a Ricardo III: bonete, corona de flores al cuello, guirnalda, peluca, traje y corbataMaria Bessone

“Yo, tan defectuoso y falto de gracia… Ya que no puedo actuar como un amante y disfrutar, voy a hacer el mal” – Ricardo III

20.11 hs – Arriba el telón. Furriel-Ricardo III enfrenta a la audiencia que lo observa, atenta. El personaje desconcierta. Desde la platea se escuchan, tímidas, algunas risasMaria Bessone
Un elemento clave de la obra: la torta, que el actor come cada noche en escena, es provista por una confitería de la zona, ubicada en la calle Uruguay al 200. «Joaquín pidió que fuese keto, en lo posible sin harinas. Ofrecieron preparar algo con merengue y aceptó», cuenta alguien del equipo. «Cada día, cuando llega, lo primero que hace es ir a ver si también llegó la torta», agrega Ana Iglesias, coordinadora técnica de escenarios del San Martín.
Junto con Joaquín Furriel, otras nueve figuras conforman el elenco: Luis Ziembrowski, Ingrid Pelicori, Belén Blanco, María Figueras, Marcos Montes, Luciano Suardi, Iván Moschner, Luis Herrera y Silvina Sabater. Todos ellos resultaron elegidos de un casting, que en un principio convocó a un total de 60 actores
20.50 hs – Cuarenta minutos después de iniciada la función, es tiempo de un veloz lavado de cabeza para el protagonista; la peluquería express lo espera al costado del escenario, con agua tibia y jabonosa, que quedará ennegrecida de restos de tintura Maria Bessone

“La conciencia es una palabra que inventaron los débiles” – Ricardo III

21.05 hs – El Torino, otro de los ‘protagonistas’ de la obra. Cada noche, el vehículo modelo 1973 -que no tiene motor, fue llevado hasta el teatro remolcado y subido a la sala en un montacargas- desciende al escenario como parte de una escenografía grandilocuenteMaria Bessone – LA NACION
La función avanza, también las víctimas. Media hora antes del cierre, Ricardo despliega su sádico magnetismo y el Torino vuelve al cielo del San Martín, tras haber sido escenario de un asesinato -uno de tantos-.
«Tan defectuoso y falto de gracia»… Ricardo III, tan bestial, ya es el jabalí. «El mal no merece otra cosa que el mal…», dice el personaje Maria Bessone
Se acerca el cierre; el elenco, transformado en colegiales de una pesadilla circense del propio Ricardo, le canta al malvado rey: «No tengas esperanza, vas a morir»Maria Bessone – LA NACION

“Un caballo, un caballo… Mi reino por un caballo” – Ricardo III

Es el final. Ricardo daría todo por huir. Se viene la frase más memorable del clásico shakespeariano. «Un caballo…»Maria Bessone – LA NACION
Saludo: el protagonista, exhausto, se acerca al proscenio para agradecer al público que comienza, entre aplausos y gritos, a levantarse de sus butacas Maria Bessone
22.08 hs – El aplauso de las 942 butacas de la Martín Coronado se vuelve ovación para el elenco. Termina otra noche. Se apagan las luces, los actores dejan el escenario e inician el repliegue en camarines. Así seguirá el ritual, al menos hasta el 12 de septiembre -última función prevista antes de la gira que la obra hará por España-. Maria Bessone

Agradecemos a Joaquín Furriel y todo el elenco y equipo realizador del Teatro San Martín.

La verdadera historia de Ricardo III, versión libre de Calixto Bieito y Adrià Reixach sobre Ricardo III, de William Shakespeare, con traducción de Lautaro Vilo y dirección general de Calixto Bieito. Sala: Martín Coronado, del Teatro San Martín (Corrientes 1530). Funciones: miércoles a sábados, a las 20; domingos, a las 19.




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