En el inicio del 2026, monseñor Ricardo Oscar Faifer, obispo emérito presidió la misa en la solemnidad de Santa María, Madre de Dios , y en el marco de la 59ª Jornada Mundial de la Paz llamó a los fieles a convertirse en «artesanos de la paz» y a desarmar el corazón para renovar la esperanza.
Bajo el lema de la 59ª Jornada Mundial de la Paz, la Iglesia Catedral «Nuestra Señora del Rosario» la feligresía goyana inició el año con la misa, presidida por el obispo emérito de Goya, monseñor Ricardo Oscar Faifer.
Durante la solemnidad de Santa María, Madre de Dios, monseñor Faifer invitó a la comunidad a redescubrir este tiempo como una oportunidad de renacimiento. «Cada día puede ser el comienzo de una vida nueva, gracias al amor generoso de Dios y a la respuesta de nuestra libertad», expresó el prelado, subrayando que el cambio personal es la base de cualquier transformación social.
Monseñor Faifer instó a los presentes a ser «sembradores y artesanos» de la paz.
«Los invito a desarmar el corazón para que realmente seamos constructores de relaciones buenas y pacíficas. Necesitamos una paz desarmada y desarmante», enfatizó el obispo al momento del saludo de paz.
Al concluir la celebración, el obispo emérito llamó a contemplar el pesebre y a María como portadora de la bendición divina: «Él Señor Jesús es nuestra paz. Que en este año seamos de verdad artesanos de la paz en las cosas cotidianas».
Por su parte, el párroco de la catedral, padre Ariel Giménez, adhirió a las palabras del Papa León XIV y analizó la realidad local frente a la Jornada Mundial por la Paz.
El padre Ariel Giménez advirtió que la paz no debe verse como algo lejano o exclusivo de naciones en guerra, sino como un compromiso que atañe a todos los ciudadanos en su trato diario.
«La paz no se impone ni se compra; se construye desde adentro hacia afuera, desde las decisiones diarias», señaló el párroco, recordando la advertencia pontificia: «cuando el corazón no está desarmado, la paz se vuelve frágil».
La misa por la paz, que contó con la participación de las comunidades, concluyó con una oración de consagración a la Virgen, pidiendo que el 2026 sea un camino recorrido por «hombres y mujeres capaces de sembrar esperanza y el Evangelio con alegría».-

