Hace poco más de un mes que no hay rastro de Acaí, la yaguareté recientemente liberada en el Parque Nacional El Impenetrable, en Chaco. Su señal de geolocalización dejó de registrarse y, desde entonces, nada se sabe del felino, una especie protegida y en grave peligro de extinción en la Argentina. Ante la falta total de novedades, la Administración de Parques Nacionales (APN) —que ya activó una investigación judicial y un amplio operativo de búsqueda— anunció una recompensa de $250 millones para quienes aporten información sobre el paradero del animal y sobre los responsables de su desaparición.
El anuncio coincidió con la conmemoración del Día Internacional del Yaguareté, el 29 de noviembre. “Esta situación nos impulsa a redoblar el trabajo para que el yaguareté vuelva a habitar con libertad y seguridad en los parques nacionales y sus alrededores”, señaló la APN en sus redes sociales.
Acaí tenía poco menos de tres años. Nació el 28 de febrero de 2023 y fue liberada en ese imponente parque de Chaco el 5 de octubre pasado, pero su vida en la naturaleza tomó un giro inesperado cuando los guardaparques hallaron el collar con geolocalizador que se le había colocado al felino en el fondo del río Bermejo. La última señal satelital en la que se vio al animal se registró el 25 de octubre.
“Hay dos posibilidades: la primera es que Acaí esté en el fondo [del Bermejo], pero todos sabemos que los cuerpos flotan. Lo más probable es que alguien la haya matado, le quitara el collar y lo arrojara al agua”, explicó semanas atrás a este diario Sebastián Di Martino, director de conservación de la Fundación Rewilding Argentina, uno de los científicos que acompañó a la hembra desde su nacimiento hasta su liberación y que ahora está en la búsqueda de la yaguareté.
La APN confirmó que continuará trabajando en conjunto con ese organismo, con las autoridades de Chaco y la Justicia Federal para esclarecer los hechos que tienen como principal protagonista a esa especie declarada Monumento Natural Nacional. En Argentina se estima que sobreviven apenas alrededor de 200 ejemplares, distribuidos entre la Selva Paranaense, los Esteros de Iberá, las Yungas y el Gran Chaco, según la APN.
“Su desaparición, actualmente bajo investigación judicial, nos duele profundamente, pero también nos obliga a reafirmar el camino que venimos recorriendo: la conservación de corredores biológicos que permitan la conexión entre poblaciones, la vigilancia y monitoreo constante de los individuos liberados y, sobre todo, el trabajo con las comunidades locales para fortalecer la convivencia entre las personas y la fauna silvestre”, destacó el organismo.

