La Escuela Agrotécnica de Río Grande Nuestra Señora de la Candelaria fue el escenario de una tragedia que desnuda la crisis ambiental y productiva que atraviesa Tierra del Fuego: un ataque de perros asilvestrados dejó un saldo de más de 100 ovejas muertas y decenas de ejemplares gravemente heridos, en lo que los protagonistas describen como un golpe letal a la continuidad del trabajo educativo. “No llegamos al número final aún porque hasta hoy a la mañana estaban juntando animales, van a andar en torno a los 120 y hay más de 50 animales muy lastimados”, relató con crudeza a LA NACION Mauricio Hoyos, administrador de la escuela, que pertenece a la Misión Salesiana en la Patagonia. El ataque afectó a un lote de corderos que recientemente habían sido destetados: “Sin lugar a duda nos va a afectar sustancialmente la reposición a futuro del plantel de la escuela”, lamentó Hoyos, señalando que la pérdida representa cerca de 20% de la majada de la escuela agrotécnica.
Lo ocurrido en la Escuela Agrotécnica no es un hecho aislado, sino la cara más visible de un problema que azota a Tierra del Fuego hace décadas. Las manadas de miles de perros asilvestrados que pueblan en forma creciente el ecotono —zona de transición ecológica entre el bosque subantártico y la estepa fueguina— destruyen la biodiversidad y han modificado incluso el tipo de producción en los campos.
Esta es una de las conclusiones a las que arribó Emiliano Arona, biólogo y fotógrafo en su recorrido de investigación doctoral, dirigido por Adrián Schiavini, pionero en abordar el tema en la isla. “El área afectada por la presencia de perros asilvestrados en la superficie de Tierra del Fuego destinada a producción animal se ha incrementado sostenidamente, de un 2,5% en 1990 a un 69,3% en 2012-2013”, detalló Arona en septiembre pasado entrevistado por LA NACION. Desde 2021 centra su estudio en el impacto de los asilvestrados como becario doctoral del Conicet en el Laboratorio de Ecología y Conservación de Vida Silvestre del Centro Austral de Investigaciones Científicas (Cadic-Conicet).

La escuela agrotécnica se encuentra sobre la ruta nacional 3 a solo siete kilómetros al norte de Río Grande, una zona de campo relativamente urbana. Esta proximidad con los centros poblados es, paradójicamente, el mayor riesgo. Hoyos es tajante al identificar el origen del conflicto: “Son problemas de la ciudad, no del campo. El problema empieza en las ciudades en la falta de control, en la falta de sostenimiento de chipeo, castración y castigar a quienes corresponda”, detalló hoy a LA NACION luego que la publicación de lo ocurrido en las redes sociales de la escuela generara gran repercusión.
Más allá de lo económico, el impacto emocional en la comunidad con las imágenes de decenas de corderos atacados fue profundo. La escuela cuenta con 390 alumnos de nivel secundario que durante siete años se forman para ser técnicos en producción agropecuaria. “Los chicos estaban muy shockeados por las imágenes. Ellos participaron de acarrear los animales muertos”, describió Hoyos.
Lo que pasa en Tierra del Fuego es una problemática que lleva décadas, empieza en las ciudades y se traslada a los campos. Consultada por LA NACION, Lucila Apolinaire, presidenta de la Asociación Rural de Tierra del Fuego, consideró: “A esta altura resulta inadmisible que esto siga sucediendo y que no hayan acciones y respuestas concretas desde el Estado. Y cuando hablo del Estado hablo de lo municipal y provincial. Esto que ocurrió días pasados con las llamas y ahora con los corderos y ovejas de la Escuela Agrotécnica Salesiana en Río Grande no es nuevo, pero nos da una clara dimensión del problema. La consigna debería ser cero perros sueltos en las ciudades. Falta orden y trabajo en equipo”.
En Tierra del Fuego, a diferencia de la Patagonia continental, los perros han logrado establecerse en zonas rurales y naturales, reproduciéndose con éxito. En algunos casos la presión sobre la ganadería ovina ha sido tal que en muchas zonas del ecotono se ha abandonado la actividad, reemplazándola por bovinos. Este cambio productivo responde a la vulnerabilidad de las ovejas frente a los ataques de jaurías y a la idea de que el ganado bovino no sería atacado por su mayor tamaño.
El lunes pasado, en la escuela detectaron dos perros asilvestrados recorriendo las hectáreas que rodean el campo y los ahuyentaron. Al día siguiente se encontraron con el tendal de ovejas cruentamente atacadas. “Con los lastimados, no hay mucho más para hacer que curarlos un poco y después depende mucho del grado de afectación que tengan para ver que pueda subsistir o no”, detalló el administrador de la escuela.
La escuela nace de la mano de la Misión Salesiana con más de 130 años en la provincia: se creó en 1950 y desde entonces ha sido un pilar fundamental en la provincia. Durante el verano realizan prácticas profesionalizantes, del cual forman parte los estudiantes. A mediados de enero se había realizado el destete de corderos y el lote ya estaba separado entre las corderas que irían a reposición y los que se destinarían para ventas. “Sin lugar a duda nos va a afectar sustancialmente la reposición a futuro del plantel de la escuela”, detalló el directivo y explicó que antes del ataque el plantel de ovejas era cercano a los 600 animales.
“Ya habíamos tenido ataques, pero hace tres o cuatro años estábamos exentos; nunca había sido tan alta la mortandad, a lo sumo 20 animales, nunca como ahora”, detalló. Además de ovejas la escuela cuenta con vacas y cerdos, no en grandes dimensiones, pero lo suficiente para poder desarrollar aprendizajes y prácticas. “Acá las aulas están en el campo”, dijo.
El comportamiento de los perros asilvestrados se caracteriza por la persecución de animales sin consumo posterior, en tanto que se alimentan como carroñeros y recorren grandes distancias, lo que dificulta su control. Sin embargo, los perros no llegaron solos al ecotono ni a las áreas protegidas: su origen está en las tres ciudades de la isla. Un relevamiento finalizado en 2025 por Arona y Schiavini, con colaboración de los tres municipios y el gobierno provincial, registró en Ushuaia, Río Grande y Tolhuin por lo menos 25.500 perros sin supervisión, conocidos como perros sueltos o callejeros.
En Ushuaia se estimó una población de 8484 perros no supervisados, con una densidad de 24,5 perros por kilómetro. En Tolhuin, la cantidad estimada fue de 2888 perros, con una densidad de 18,2 por kilómetro. En Río Grande se estimó una población de 14.361 perros no supervisados, con una densidad de 29,5 por kilómetro.
La presión de los perros ha sido tan extrema que, en las últimas décadas, gran parte de los productores del ecotono debieron abandonar la ganadería ovina para volcarse a la bovina, buscando protegerse con el mayor tamaño de las vacas. Sin embargo, el caso de la escuela agrotécnica demuestra que, sin una fiscalización efectiva de las normativas vigentes, el esfuerzo por mantener la tradición productiva de la isla pende de un hilo.

