Hay animales que cargan con mala prensa desde antes de que existiera la prensa. La comadreja es uno de esos casos: ese relámpago nocturno que cruza la medianera suele despertar más gritos que curiosidad o admiración.
Sin embargo, pocas especies hacen tanto por la salud ambiental de nuestras ciudades y nuestros jardines. Es hora de mirarlas de frente sin prejuicios para entender su rol en el ecosistema urbano.
“La comadreja no es un roedor. Es un marsupial. Lleva a sus hijitos en una bolsa en su panza igual que un canguro”, explica la paisajista Agustina Anguita, que insiste en empezar por lo básico: desmontar mitos.
Ese detalle anatómico no es menor. Implica que, cuando alguien intenta espantarla o atacarla, puede estar poniendo en riesgo a una cría entera. “No las agredas porque pueden estar cargando a su cría, y su actitud agresiva en realidad es defensiva”, subraya Anguita.
En tiempos donde cualquier insecto activa alarmas —dengue, alacranes, garrapatas— la comadreja actúa como una brigada sanitaria nocturna.
“Son de suma importancia como controladoras de plagas ya que se alimentan de pequeños roedores, arañas, cucarachas y alacranes”, detalla Anguita.
Lo más fascinante es su eficacia para controlar uno de los vectores más sensibles para la salud pública: “Al alimentarse de garrapatas (pueden comer 5000 garrapatas por temporada o más), que son vectores de enfermedades, previenen enfermedades en su entorno natural”.
Mientras muchos acuden a insecticidas, la naturaleza ya inventó un sistema de control más preciso y menos dañino para el ambiente
En varias ecorregiones argentinas también cumplen otra tarea que las acerca a la categoría de héroes anónimos: “Se alimentan de serpientes venenosas y mantienen a raya su población”.
Su inmunidad natural al veneno de algunos ofidios y alacranes no sólo les permite alimentarse de ellos, también contribuye al desarrollo de antídotos.
Su aporte botánico tampoco es menor: “Son dispersoras de semillas de los frutos de los que se alimentan. Por lo que propagan especies vegetales”.
La recomendación profesional es simple: “La próxima vez que veas una comadreja no la molestes. Ella va a seguir de largo. Y, si después de este texto te encariñaste un poco, podés dejarle un poco de fruta por si tiene hambre”, dice Anguita.
Si encontrás un ejemplar herido o atacado por perros o gatos, el protocolo es claro: “Por favor no lo manipules ni intentes alimentarlo ni darle agua porque podría ser perjudicial para el animal. Llamar a Defensa Civil (103) para que ellos se encarguen de ponerlo a salvo”.
Las comadrejas no vienen a invadirnos, ya vivían acá mucho antes de que levantáramos la primera medianera. No son sucias ni peligrosas, son parte del equilibrio que sostiene la biodiversidad urbana y mirarlas distinto es el primer paso para que nuestras ciudades también cambien.

