Raúl e Ignacio González impulsan talleres de guitarra y canto

EDUARDO SCHWEIZER
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Música, aprendizaje y pasión: Raúl e Ignacio González impulsan talleres de guitarra y canto

En la tarde del viernes, el estudio de WIrnet, se llenó de música y anécdotas con la visita de dos músicos: Raúl e Ignacio González, padre e hijo, unidos por la pasión por la guitarra y la enseñanza.

Durante la entrevista, ambos presentaron su propuesta de talleres que se desarrollan en la “Copa de Leche”, un espacio comunitario donde la música se convierte en herramienta de aprendizaje, encuentro y crecimiento personal.

“Estamos trabajando de lunes a jueves. Yo estoy en el turno tarde, de 18 a 21, e Ignacio en la mañana, de 9 a 11”, explicó Raúl, quien comenzó a enseñar tras jubilarse, hace ya cinco o seis años. Su hijo, por su parte, complementa la propuesta sumando también clases de canto.

Ignacio destacó que las clases están abiertas a todas las edades: “Tenemos alumnos desde chicos hasta personas de más de 70 u 80 años. La música no tiene límite”. Además, remarcó los beneficios de aprender guitarra: “Es una actividad que exige concentración, coordinación y práctica constante. También ayuda a despejar la mente y funciona como algo terapéutico, sobre todo en adultos”.

Las clases se dictan en grupos reducidos, generalmente de entre dos y cuatro personas, organizados según el nivel de cada estudiante. “Lo importante no es el talento sino las ganas. Todo se ejercita con práctica”, coincidieron.

Para quienes no cuentan con instrumento propio, Raúl aclaró que pueden acercarse igual: “Tenemos guitarras para practicar, aunque lo ideal es poder seguir en casa para avanzar más rápido”.

La trayectoria musical de Raúl también fue parte de la charla. Integró diversos grupos a lo largo de los años, como “Los Demonios” y “Los Delirantes”, dejando una huella en la escena local. Ignacio, en tanto, ha formado parte de distintos proyectos musicales más recientes, compartiendo escenario con otros artistas y construyendo su propio camino.

El cierre no podía ser de otra manera: padre e hijo interpretaron varios temas en vivo, emocionando al público con un repertorio cargado de nostalgia y raíces.

Antes de despedirse, ambos agradecieron el espacio y extendieron la invitación: “Quienes quieran aprender guitarra o canto, pueden acercarse. Es una experiencia muy linda para todas las edades”.

Así, entre acordes y voces, los González no solo enseñan música: transmiten pasión, disciplina y el valor de compartir.

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