CARILÓ (Enviada especial).- “Los habitantes de Cariló estamos muy preocupados. La realidad es que después de la pandemia fue como un inicio sutil: de la nada empezaron a verse robos y este último año parece que se abrió una caja de Pandora”, dice una vecina que integra el Foro Amigos de Cariló y que desde hace meses participa activamente de un relevamiento de hechos de inseguridad que, según sostiene, se repiten con mayor frecuencia en este destino.
El testimonio refleja un malestar que viene creciendo entre vecinos y comerciantes de esta localidad balnearia, quienes reclaman mayor presencia policial, controles más estrictos sobre las personas que ingresan al balneario y patrullajes preventivos, especialmente durante la temporada de verano. El objetivo, explican, es preservar la tranquilidad que históricamente caracterizó al lugar y reforzar las medidas de prevención tanto en los accesos como en las zonas residenciales, donde se concentran buena parte de los episodios denunciados informalmente.
Según relatan desde el foro, tras la pandemia comenzaron a registrarse hechos aislados que con el tiempo se volvieron más frecuentes. “Los últimos meses fueron espantosos. En fines de semana largos hubo un promedio de cinco hechos delictivos en tres días reportados. Muchas veces no se hace la denuncia y el resto de los vecinos nos manda fotos. A partir de eso empezamos a recabar información de fechas, horarios y tipos de robos”, explica la vecina. En uno de los primeros fines de semana largos del año, aseguran, se contabilizaron entre siete y ocho robos; en el siguiente bajaron a cinco. “Para los que vivimos todo el año en Cariló, sigue siendo muchísimo”, remarca.
Esa información fue sistematizada por el Foro Amigos de Cariló en un mapa de hechos delictivos que luego fue entregado a las autoridades municipales. Según explicaron sus integrantes, el relevamiento incluye distintas modalidades delictivas, como ingresos a viviendas, hurtos y robos en vehículos, y está acompañado por imágenes enviadas por los propios vecinos, con registro de fechas y localización aproximada de cada episodio. De acuerdo con el foro, el mapa muestra que los hechos no se concentran en un punto específico, sino que aparecen distribuidos en distintos sectores de toda la localidad, lo que refuerza la idea de que se trata de un problema generalizado y no focalizado en una zona puntual.
En paralelo a los reclamos vecinales, LA NACION accedió a estadísticas oficiales que muestran un panorama distinto. Según esos registros, la inseguridad no habría aumentado y existe un sistema de monitoreo que alcanza al 90% de la localidad. Desde fuentes oficiales reconocen que hay menos vehículos circulando, pero sostienen que no se observa un crecimiento significativo del delito. Los vecinos, sin embargo, insisten en que muchos hechos no se denuncian formalmente y que esa subregistración explica la diferencia entre los números oficiales y la percepción cotidiana.
En Pinamar, la situación presenta matices similares. Desde la Estación de Policía Comunal Pinamar indicaron que los robos suelen ser hurtos menores, principalmente sustracciones en autos, y que se trata de episodios habituales de cada temporada, sin un salto abrupto en las estadísticas. Algunos residentes, no obstante, contradicen esa mirada.
En diálogo con LA NACION, el intendente Juan Ibarguren sostuvo que la situación de seguridad en Cariló “está siendo abordada con un trabajo sostenido desde la Secretaría de Seguridad de Pinamar, que complementa el accionar del Ministerio de Seguridad de la provincia, que es quien tiene la competencia real sobre la policía”.
Según explicó, en los últimos meses se reforzaron recursos y controles: “No bajamos los brazos: invertimos en más efectivos, guardia urbana y cámaras, con el objetivo de combatir el delito y lograr investigaciones ágiles que permitan que la Justicia funcione de manera eficiente”.
En ese marco, afirmó que “estadísticamente, venimos con menos delitos que en años anteriores” y cuestionó las versiones sobre un supuesto proyecto para cerrar Cariló: “No hay ningún proyecto oficial presentado en el municipio. Lo que circuló surgió en redes sociales, donde muchas veces se desinforma. Sería una locura: Cariló es y seguirá siendo una ciudad abierta”.
Además, deslizó que el debate se da en un contexto político particular y advirtió que “en años electorales aparecen algunos temas sobredimensionados, incluso vinculados a la seguridad como negocio”, en contraste —dijo— con los datos oficiales que maneja la Policía.
Los relatos vecinales incluyen robos a autos estacionados, sustracción de ruedas de auxilio, ingresos a viviendas habitadas y hurtos que, según sostienen, evidencian cierto nivel de organización. “El otro día le robaron a una chica la rueda de auxilio. No es una rueda simple: tienen que ir entre varios. Nos mandan fotos de robos, incluso en casas con cámaras y, en algunos casos, parece que hacen trabajos de inteligencia por la forma en la que se mueven”, agrega la integrante del foro. El trabajo de recopilación, aclaran, es completamente voluntario. “Es a pulmón, nadie cobra nada, pero la situación es muy preocupante”, insisten.
Andrea Baiardi, presidenta del Foro Amigos de Cariló, relató otro episodio reciente que generó conmoción entre los residentes. “Este último fin de semana, mientras una familia estaba comiendo, entraron a robar y se metieron en las habitaciones. Se llevaron todo con la gente adentro”, contó. Horas después, un vecino encontró a pocas cuadras unas 28 carteras descartadas. “Roban, tiran la cartera y se quedan con la plata. En algunos casos tenés la suerte de que te devuelvan el documento, pero cuando fueron a buscarlas encontraron cosas que no eran de esa casa, sino de otros robos. Eso demuestra que no se trata de un hecho aislado”, sostuvo.
Desde el foro aseguran que la situación fue planteada formalmente ante las autoridades locales. Eduardo Bari, vicepresidente de la organización, relató que el 25 de noviembre pasado le entregó el mapa con los hechos relevados al intendente. “Lo habíamos armado unos días antes, pero ya lo veníamos trabajando desde hacía tiempo. Me respondió que ya le había pedido al jefe de Gabinete armar una mesa de trabajo. Eso fue el 26 de noviembre y hasta hoy no tuvimos más respuestas”, afirma.
Bari vive en Cariló desde hace más de 30 años y aseguró que nunca vio un escenario similar. “Antes de la pandemia había robos, pero no de esta magnitud y no con la gente adentro. Una cosa es que haya robos y otra es que empiecen a ser violentos. En Ostende, a una persona de 80 años le robaron y le patearon la cabeza. Jamás en la vida vi esto. Hoy llegás a tu casa y mirás para atrás por si ves a alguien”, describió. También cuestionó el funcionamiento de los sistemas de vigilancia y la falta de un plan integral de seguridad. “Pedir patrulleros no es un plan de seguridad. ¿Quién controla? ¿Cómo se previene?”, se preguntó.
Baiardi sostuvo que, en muchos casos, el foro queda en el centro de las críticas. “Siempre somos los señalados, como si el problema fuera el foro. Venimos trabajando hace años por y para los vecinos. Yo me iba de mi casa y dejaba la puerta abierta sin llave y no pasaba nada. Hoy no puedo dejar nada. No creemos que sean locales los que roban y no contamos con presencia policial suficiente. La comisaría hace lo que puede, pero no alcanza”, afirmó. Según describió, incluso durante la noche, cuando la gente sale a cenar, se registran robos en autos estacionados. “Hace diez años mandaban operativos grandes; ahora no”, resume.
El Foro Amigos de Cariló nació hace 14 años y fue reconocido a nivel provincial y nacional hace una década, justamente a partir de reclamos vinculados a la seguridad. “Sentimos que a Cariló nos dejan solos”, sintetizó su presidenta.
En este contexto, un grupo de vecinos y empresarios impulsa una iniciativa que ya genera controversia: cercar completamente la localidad e implementar un sistema de control de accesos similar al de los barrios privados. El proyecto propone alambrar el perímetro —especialmente en el límite sur con Villa Gesell— y reducir los ingresos habilitados a cuatro puntos controlados.
El esquema incluiría el escaneo obligatorio de DNI en los accesos, patrullaje privado las 24 horas con móviles y vehículos 4×4 y un sistema de vigilancia permanente. De avanzar, Cariló funcionaría con un modelo similar al de urbanizaciones cerradas. La iniciativa reaviva un debate histórico sobre seguridad, convivencia regional y acceso al espacio público en uno de los destinos turísticos más exclusivos de la costa atlántica.
No es la primera vez que se plantea una medida de este tipo. En 2000, un proyecto para cercar Cariló con alambre olímpico y de púas fue descartado por las autoridades de entonces, que lo consideraron inapropiado para una localidad abierta. Más de dos décadas después, la discusión vuelve con un plan más estructurado, pero con cuestionamientos similares.
“A mí me robaron el auto: lo dejé en la calle y al día siguiente estaba con la ventana abierta y la guantera revuelta. Te genera miedo porque sentís que pueden entrar como si nada a algo que es tuyo”, contó una vecina que pidió reserva de su identidad.
Raúl, residente de la zona, aportó otra mirada: “Nosotros no somos el AMBA [área metropolitana de Buenos Aires], siempre fue tranquilo. Después de la pandemia esto se volvió un descontrol y vamos camino a algo que no éramos. Hay controles, pero no paran a todos y eso es un problema: no sabés quién entra”.
Entre mapas vecinales con imágenes, estadísticas oficiales que muestran otra tendencia, testimonios cruzados y proyectos que dividen opiniones, el debate sobre cómo garantizar mayor seguridad sin alterar la identidad de Cariló vuelve a instalarse con fuerza en plena temporada de verano.

