Miguel Angel Barrios – Dr. en Ciencias Políticas
El ciclo de Nicolás Maduro se encontraba agotado, generando una polarización social extrema y una tensión política profunda en Venezuela. Sin embargo, el problema de fondo no era estrictamente la democracia.
Hemos visto cómo Donald Trump desautoriza públicamente a Urrutia y Machado —presentados como supuestos ganadores de las elecciones presidenciales— cuando se preparaban para “jurar”. En la conferencia de prensa posterior, Trump humilló a Machado y manifestó sin ambigüedades que el verdadero motivo de la intervención era el petróleo que, según él, Venezuela le había “robado” a los Estados Unidos.
Sin dudas, más que una operación militar sofisticada, lo ocurrido consistió en una operación de inteligencia entre la CIA y sectores del aparato del Estado venezolano que, por aristas que aún desconocemos, entregaron a Maduro. De este modo, se configura un nuevo protectorado militar de los Estados Unidos.
Venezuela, la patria de Bolívar, pasa a tener como gobierno colonial al mismo aparato político del ciclo agotado, cuyos dirigentes parecen haber negociado su propia supervivencia personal. Se trata de un hecho prácticamente inédito, con precedentes solo en algunos países de África.
La gravedad geopolítica de lo ocurrido —más allá de Maduro y de su gobierno— es de una magnitud histórica sin precedentes. Constituye el primer caso de aplicación directa de la flamante Estrategia de Seguridad de los Estados Unidos, basada en la militarización de la Doctrina Monroe. Vienen por todo.
El secuestro de un presidente y su traslado forzado a territorio estadounidense no tiene antecedentes históricos. En el caso de Manuel Noriega, por ejemplo, los Estados Unidos declararon formalmente la guerra a Panamá. Aquí no.
Esto significa que ningún país está exento de que le ocurra lo mismo. Estamos atravesando el punto más crítico de la historia de América Latina.
En la región se observan dos bloques claramente diferenciados. Por un lado, un sector de gobiernos —Milei en Argentina, Noboa en Ecuador, Peña Nieto en Paraguay o Zamora en Bolivia— que no creen en la soberanía ni en las patrias, sino en la subordinación colonial a los Estados Unidos, con un fanatismo incluso mayor al de Rivadavia respecto de Inglaterra.
Por otro lado, existe un bloque cada vez más débil y tenue, con fortalezas y debilidades, encabezado por Brasil, que aún cree en la soberanía nacional y en las patrias. Las elecciones en Brasil en 2027 serán determinantes. Para quienes creemos en la soberanía, Brasil marcará nuestro destino.
Estamos ya inmersos en la Tercera Guerra Mundial, como anticipó de manera genial el Papa Francisco. Se está configurando un orden geopolítico de hecho que no es verdaderamente multipolar, sino tripolar.
Este nuevo orden se estructura en tres grandes zonas de reparto de influencia, en fricción y equilibrio simultáneos:
- América para los Estados Unidos (con América Latina destinada a ser devorada),
- Rusia avanzando sobre Europa,
- China dominando Asia.
El sistema tripolar estará compuesto por Estados Unidos, Rusia y China, mientras que Oriente Medio continúa siendo el epicentro de una lucha incesante por una nueva cartografía geopolítica, de allí las guerras protagonizadas por Israel, Turquía, Arabia Saudita e Irán.
Veremos cómo continúan los acontecimientos.

