Felipe Torres Amado tiene 66 años, nació y se crió en la zona de Colonia Coronel Schweizer y conoce como pocos la vida del campo.
Al recordar otros tiempos, cuenta que la zona era muy productiva, con algodón, mandioca, zapallo y huertas. “Antes era una riqueza. Teníamos todo, teníamos una platita y no nos faltaba el pan”, recuerda.
Pero con los años muchas familias se fueron y el movimiento de aquella colonia comenzó a desaparecer. “Se fueron todos de acá”, resume Felipe.
A pesar del paso del tiempo, él continúa trabajando y manteniendo sus costumbres. Tiene su propia huerta y, con 66 años, sigue recorriendo en bicicleta los caminos de la zona para cumplir con sus tareas.
Su historia es el reflejo de una vida rural que cambió, pero que todavía resiste en manos de quienes, como Felipe, eligieron quedarse.
Por Miguel Rosado

