La selección argentina es el campeón más obrero en la ruta de la defensa de la Copa del Mundo

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Después de Qatar, la selección estaba frente al inmenso desafío de tener hambre después de comer. Probablemente, el rasgo principal de la Argentina es que sus integrantes detestan la indiferencia y el sopor. Cuando los viejos o los aspirantes, los campeones o el ala renovadora, se ponen la camiseta albiceleste es para desafiar al mundo, para demostrar hasta donde llega su orgullo, su calidad competitiva, ese mandato cultural que castiga el conformismo… Y Lionel Messi los electrifica, entonces la selección sigue empeñada en quemar los manuales. Estilo y fuego, carácter y talento, nadie está satisfecho. Lograron un confiable pacto de hermandad. Se quieren, se respetan, se cuidan. Y salen de cacería.

El campeón del mundo por ahora no es atractivo, pero sí insoportable. Domina menos los partidos porque comparte más la pelota. Defiende más bajo, entonces las recuperaciones no lo dejan cerca del área rival. Sacarle el control de la posesión parece el camino correcto para debilitar a la selección de Lionel Scaloni. Se lo propuso Argelia por momentos en el debut, lo logró Austria más tiempo de lo aconsejable. Pero el campeón que se reinventa y nada perturba, resiste todo lo que haga falta y se entrega al ejercicio del sufrimiento. El camino apenas comienza y le ha alcanzado para frustrar a adversarios físicos y empeñosos, pero sin genio ni desequilibrio. Hay grietas por las que se podrían filtrar jugadores con un atrevido pie a pie o circuitos colectivos que van desnudando espacios mal custodiados.

Todos para uno, y uno para todos… Almada, Medina y Enzo Fernández se abrazan con Messi, que convirtió los cinco goles de la selección en el Mundial CHARLOTTE WILSON – GETTY IMAGES NORTH AMERICA

El compromiso en la adversidad es otra marca registrada. Todos para uno, Lionel Messi, y uno para todos. Porque mientras Messi atropella cada uno de los récords que llegan a sus orillas hasta desde décadas lejanas, también retrocede por la banda y recupera pelotas. Camina las canchas más que nunca, es cada vez más lento y participa con intervalos… pero se ubica en el campo como nadie, resuelve con velocidad y se activa para ser decisivo. Genio en grajeas, pero no se consiguen píldoras tan sanadoras.

Todos meten, todos combaten. ¿Alcanzará? No cuando crezca la vara, pero Argentina también podrá subir su listón interno. Es imposible rotularlo al campeón, su adaptabilidad es un arte. Mientras, no se duerme nadie porque las revoluciones altas le sientan bien. Una selección feroz que impresiona por su contrato grupal, porque al talento también hay que verlo en términos de organización y espíritu de sacrificio. Es un equipo moderno, pero con algunas singularidades muy argentinas: oficio, altivez, astucia, orgullo… El campeón más obrero que se recuerde.






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