En el último tiempo, distintos retos virales que circularon por las redes volvieron a poner el tema en agenda. Desde la ola de amenazas de tiroteos en escuelas registrada este año hasta desafíos que alcanzaron repercusión internacional, como el Blackout Challenge, algunos de estos contenidos encendieron las alarmas por las consecuencias que pueden tener para los niños y adolescentes que participan.
Aunque muchos retos consisten en simples juegos, coreografías o propuestas recreativas, otros pueden implicar riesgos para la salud física, psicológica o social. En ese contexto, una reciente investigación aporta un dato que ayuda a dimensionar el fenómeno: uno de cada cuatro adolescentes argentinos afirma haber participado de al menos un reto viral durante el último año.
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¿Qué encontró la investigación?
El estudio publicado en la revista científica Youth & Society analizó las respuestas de 848 adolescentes argentinos de entre 11 y 17 años.
Los principales hallazgos fueron:
“Los retos virales son muy diversos. Hay algunos recreativos, otros solidarios y algunos que sí pueden representar un riesgo para la salud. Como el desafío de la Ballena Azul, que consiste en una cadena de desafíos que incluyen actos de autolesión y culminan en el suicidio; o desafíos no tan extremos pero de peligrosidad para la integridad física y psicológica, como el estar muchos días sin dormir», explica Santiago Resett, doctor en Psicología, investigador independiente del Conicet y autor principal del trabajo.
Y en seguida clara: “No todo reto viral es peligroso, pero es importante que los adultos puedan distinguir cuándo un desafío deja de ser un juego y empieza a convertirse en un problema”.
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¿Por qué los adolescentes aceptan estos desafíos?
La primera respuesta que encontraron los investigadores tiene que ver con una característica propia de la adolescencia: la necesidad de pertenecer.
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¿Qué los empuja a asumir cada vez más riesgos?
El estudio encontró una asociación entre la frecuencia con la que los adolescentes participan de retos virales y un mayor uso problemático de internet y de las redes sociales. Es decir, cuanto más compulsivo era el uso de las plataformas, mayor era también la participación en este tipo de desafíos.
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¿Qué señales pueden observar las familias?
Para María Zysman, psicopedagoga y fundadora de Libres de Bullying, los retos virales forman parte de un problema más amplio: el uso problemático de las redes sociales y la necesidad de sentirse reconocido por los demás.
“Muchos chicos buscan demostrar que son valiosos o valientes. Se ponen a prueba porque necesitan sentirse importantes para otros”, explica.
Más que preguntarse si un hijo participa de un reto viral, Zysman propone que las familias observen qué lugar ocupan las redes sociales en su vida, cómo se vincula con sus pares y cuánto depende de la mirada de los otros para sentirse importante.
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¿Qué hacer si un hijo participó de un reto viral?
Frente a esta situación, los especialistas coinciden en que el enojo o el castigo suelen ser poco efectivos.
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¿Qué recomiendan los especialistas?
Zysman también aconseja evitar describir desafíos específicos para no despertar curiosidad en los chicos y, en cambio, abrir espacios de diálogo. Preguntas como “¿Alguna vez te llegó una propuesta que te hizo sentir incómodo?” pueden ser una buena puerta de entrada para conversar.
Por su parte, Resett subraya que hablar, acompañar y ayudar a los chicos a construir una autoestima que no dependa de los “me gusta” sigue siendo la herramienta más efectiva para prevenir estas conductas.
Hablemos de Todo
Esta nota forma parte de Hablemos de Todo, una iniciativa de Fundación LA NACION que busca cuidar y acompañar la salud mental de los niños y adolescentes. El proyecto ofrece herramientas, visibiliza historias en primera persona y acerca recomendaciones de especialistas.

