Sonó el himno de México antes del partido inaugural y la emoción puso a prueba su temple. Convirtió de cabeza el 2-0definitivo en el triunfo sobre Sudáfrica y en medio de su festejo, cercano a los hinchas en un estadio Azteca repleto, señalando hacia el sector en el que estaba su familia mientras formaba un corazón con sus manos y agradeciendo hacia el cielo, se conmovió, en medio de los abrazos con sus compañeros. Para Raúl Jiménez, el inicio del Mundial 2026es el día con el que soñó por 35 años y, muy especialmente, los últimos seis, tras una fractura de cráneo jugando en la Premier League que súbitamente puso en suspenso su carrera deportiva y su vida en riesgo.
La cicatriz que le dejó el choque de cabezas con el brasileño David Luiz en noviembre de 2020 en un duelo entre Wolverhampton, su equipo por entonces, y Arsenal es permanente (y la intenta ocultar debajo de la vincha que lleva). “No recuerdo nada de ese día, sólo que llegamos al estadio. Después, es como si no hubiera existido nada para mí”, recrea cuando se le pregunta por aquel suceso en el que quedó inconsciente, con hemorragia cerebral, y lo alejó de la pelota por un año. Su grito de este 11 de junio con dedicatoria a su padre, fallecido hace exactamente tres meses, que encontró consuelo en los fanáticos que lo arroparon con una ovación cuando dejó escapar sus lágrimas, también quedarán para siempre. Se lo había prometido. De los más de 200 que marcó en toda su carrera como profesional fue el más anhelado.

