Con el cinturón en Esquina: Patricio “Pato” Monzón va por más

Eduardo Schweizer
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Patricio “Pato” Monzón ya está nuevamente en Esquina después de una noche inolvidable. El peleador esquinense se consagró campeón sudamericano de kickboxing y regresó a su ciudad con el cinturón, pero también con la tranquilidad de haber superado una prueba exigente ante un rival de mucha experiencia.

En una entrevista realizada tras su llegada, Monzón habló de la pelea, de sus sensaciones arriba del ring, del acompañamiento de su equipo y de lo que viene en su carrera.

“Ya estoy muy tranquilo, más relajado. Ahora disfrutando este pequeño momento de descanso y muy contento porque estoy con la familia”, contó.

La pelea significó un desafío importante para el esquinense. Su rival contaba con una extensa trayectoria, mientras que Monzón afrontaba apenas su segunda pelea como profesional y la número 29 de su carrera.

“Fue un bautismo de fuego. Me tocó un rival bastante duro. Se nota mucho la resistencia y la experiencia que tiene. Se rumorea que tiene más de 138 peleas y la mía es recién la número 29 y segunda pelea profesional”, explicó.

Durante el combate, el trabajo estuvo centrado especialmente en el boxeo y en los ataques al cuerpo. Monzón contó que incorporó algunos giros de talón y que, con el paso de los rounds, comenzó a notar el desgaste de su adversario.

“Fuimos trabajando la sumatoria de golpes y se fue notando su desgaste físico”, señaló.

Una verdadera localía en el ring

Aunque la pelea se disputó lejos de Esquina, Monzón tuvo un respaldo especial. Familiares que viven en Buenos Aires se enteraron de su participación y terminaron acompañándolo en el lugar.

“Me cayeron mis parientes de Buenos Aires. Se enteraron que estaba por competir y empezaron a comprar entradas a última hora. Cuando nos dimos cuenta éramos como 38 personas ahí”, relató entre risas.

El aliento se hizo sentir durante toda la pelea y convirtió el escenario en una especie de localía para el representante esquinense.

La cabeza también juega

Monzón reconoció que antes de subir al ring sintió miedo, pero explicó que aprendió a utilizar esa sensación como una herramienta para mantenerse concentrado.

“Me sentía tranquilo, en paz, relajado y con miedo. Sí, tenía miedo. Todos tenemos miedo. Hasta los más profesionales tienen miedo de subirse al ring porque en un pestañeo puede cambiar todo”, afirmó.

Para el campeón, ese miedo se transforma en concentración y atención permanente.

“Un golpe puede cambiar todo. Me puede dormir en un golpe o yo lo puedo mandar a dormir en un golpe. Son cuestiones de segundos y tenés que estar atento”, sostuvo.

Durante la preparación también trabajó mucho desde lo mental, imaginando situaciones de combate, esquives y reacciones.

El trabajo de su esquina

En esta oportunidad, Carlos Jazmín y Mario Jazmín no pudieron acompañarlo, por lo que la conducción desde la esquina estuvo a cargo de Juan Leguiza, uno de sus primeros entrenadores.

“Yo tenía 14 años cuando inicié con él. Fue uno de mis primeros instructores y me conoce desde chico. Sabe cuáles son mis capacidades, mis ventajas y mis desventajas”, destacó.

Una de las principales indicaciones de Leiza durante el combate fue atacar la zona media del rival.

“Me decía que trabajara mucho los ganchos al cuerpo. Al ser tan duro de mandíbula, mi rival quizás no iba a caer, pero sí podía quedarse más lento por recibir tantos golpes en la zona media”, explicó.

Entre el corazón y la técnica

Monzón también recordó al joven peleador que alguna vez fue y que todavía aparece cuando la pelea exige ir al intercambio.

“Por un pequeño momento apareció el Sargento juvenil, aguerrido, a tirar y recibir golpes”, reconoció.

Pero también destacó la importancia de la experiencia adquirida con los años.

“Después aparecía el otro y decía: ‘No, vamos a volver para atrás, cargamos un poquito de energía y volvemos a entrar’. No hay que centrarse solamente en golpear todo el tiempo. También hay que mostrar las habilidades que uno tiene”, explicó.

Un título dedicado a su papá

Uno de los momentos más emotivos de la entrevista fue cuando habló de la dedicatoria del campeonato.

El título fue para su papá, quien falleció hace cinco años y tuvo una gran influencia en su vida deportiva.

“Creo que no se escuchó bien porque justo todos gritaron cuando me levantaron la mano, pero fue para mi papá”, contó.

Monzón explicó que mantiene presente su recuerdo en distintos elementos que utiliza en su carrera.

“Lo tenemos en la bandera, en mi apodo, en hacer remeras con escudos de Malvinas y poniendo fechas. Estoy haciendo una marca con retazos de mi papá y de sus andanzas”, expresó.

El apoyo de su mamá y de todo el barrio

Al regresar a Esquina, una de las primeras personas que lo recibió fue su mamá, Dolores.

“Me preguntó: ‘Hijo, ¿no te golpearon tanto?’. Me encontró bien, solamente con algunos arañones de los guantes”, relató.

Por problemas de espacio en su celular, su mamá no pudo ver la pelea en directo, pero los vecinos se acercaron y la ayudaron a seguir el combate desde sus teléfonos.

“Se cruzaron y me estuvieron apoyando. El barrio mismo estuvo apoyándome desde sus celulares. Para mi mamá fue algo muy grande, porque era como decirle: ‘Mirá, tu hijo está peleando’”, contó emocionado.

Ahora, a pensar en grande

Monzón reconoció que todavía no termina de dimensionar lo conseguido.

“Todavía no caigo. Estoy disfrutando esto de llegar, descansar y estar con mi mamá”, dijo.

Pero el descanso será breve. El objetivo ahora es cerrar un nuevo contrato y continuar compitiendo en Buenos Aires, donde ya recibió interés de distintas personas vinculadas al circuito.

“Me pueden llegar a invitar a diferentes eventos. Todo va a ser un poquito más difícil, pero creo que el Sargento está preparado para cualquiera de esas cosas”, aseguró.

Y cuando le preguntaron si va por un título mundial, la respuesta fue contundente:

“Va por un título mundial. Es mi sueño más grande”.

El campeón sudamericano ya está en Esquina. Con el cinturón en sus manos, el respaldo de su familia y una nueva etapa profesional por delante, Patricio “Pato” Monzón comienza a mirar hacia un objetivo todavía más grande.
Nicolas Ubeda Barrios

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